Como es de esperar, tapas, montaditos y pinchos abundan en Mallorca. Pero para probar la verdadera y autóctona gastronomía mallorquina, los visitantes querrán evitar esas opciones fáciles e ir a probar una de las muchas especialidades locales. En la costa, bares sirven los mariscos más frescos con hermosas vistas al mar, mientras que las comidas en el interior son más contundentes, como asado con verduras frescas cultivadas a pocas millas. Todo esto, por supuesto, va acompañado de finos vinos locales y la compañía cálida de chefs y compañeros de mesa.